martes, 30 de noviembre de 2010

¿James Bond?


Por alguna extraña razón, cuando era niño, jugaba con este pedazo de plástico de no más de 4,5 centímetros de altura, con cara de calavera y bastón, sin puntos de articulación: se suponía que era James Bond. Supongo que lo hacía por el extraño aire exótico y refinado que le confiere el traje, además de que siempre le hacía manejar una Ferrari F40 a escala para aumentar su caché. Me lo compré en una sastrería, hace millones de años, una vez que descubrí que la figura que yo realmente quería (que yo creía que era Tarzán) resultó ser una mujer de la selva. Ah, cuánta diversión con cosas tan simples...

viernes, 26 de noviembre de 2010

Casey Jones, el Batman del lumpenproletariado

¡Tiempo de pizza, Casey Jones!

Este es Casey Jones, el justiciero que actúa fuera de la ley en el mundo de las Tortugas Ninja, algo así como Batman, pero en versión lumpen. Cierto día Casey decidió que la ley, las autoridades y las Tortugas no hacían mucho para proteger a la gente y decidió resolver el problema con sus propias manos: se puso una máscara de hockey, tomó un par de bates de béisbol, los puso en una bolsa de golf y salió a combatir el crimen. Así nomás.

Casey Jones según la serie de TV de finales de los 80.

Esta figura pertenece a la segunda línea de la primera serie de juguetes que Playmates sacó a raíz del éxito de las Tortugas Ninja, allá, por el lejano 1989. Casey Jones fue mi segundo muñeco de esta serie infantil (el primero fue Usagi Yojimbo). Lo habré recibido en 1989 ó 1990, cuando tenía siete u ocho años, tal vez como regalo de cumpleaños o de Navidad. Ya no lo recuerdo. Lo que sí recuerdo fue que me lo regalaron mis abuelitos y la emoción que me causó semejante sorpresa. Huelga decir lo popular que fui en la escuela gracias a esta figura en mi grupo de amigos (que se limitaba a dos amigos).


Casey Jones no mide más de 12 centímetros, tiene los siete puntos de articulación clásicos de las figuras de Playmates (cuello, brazos, muñecas y piernas) y está ataviado a la usanza de la serie de televisión, pero con un aspecto más lúgubre y menos infantil (que es lo que definía a los muñecos de este fabricante): una sudadera rota con capucha, una sola hombrera (en el hombro izquierdo), pantalones para correr rotos en las rodillas y zapatos deportivos; en la mano izquierda tiene un guante de golf y en la otra, una venda.


Lo más llamativo de esta figura son los detalles en el cuerpo de Casey Jones: el abdómen tiene vello, al igual que los antebrazos (uno que otro pelillo por las axilas), una agujeta desatada y una par de ligas para mantener a raya las bastas de los pantalones (como puede observarse en las fotografías que descansan sobre estas líneas). Viene con cuatro accesorios: dos bates de béisbol con la punta rota y astillada (en los que se pueden ver los detalles de la madera), un palo de golf que se sostiene gracias a unas suturas y una bolsa de golf donde se pueden guardar estos accesorios y colgársela en la espalda. Lo mejor de la bolsa de golf es que también tiene muchos detalles, como suturas, cosidos y las cremalleras.


Como es obvio, el tiempo y la imprudencia de la niñez pasó por Casey Jones: más de 20 años y un niño impetuoso y juguetón pusieron a prueba la resistencia de los juguetes Playmates, que la superó con creces. Por supuesto, se notan los efectos: está percudido (no lo limpio por miedo a que pierda el color original), ya no se mueve la muñeca derecha porque está pegada con Super Bonder (puede notarse la "sutura" con una línea negra sobre la venda blanca), el palo y la bolsa de golf también pasaron por el quirófano del Dr. Bonder.

Casey Jones en su versión para la película de 1990.

Así lució en su caja cuando me lo regalaron mis abuelitos.

Sin embargo, Jones se mantiene en pie a pesar del tiempo ya la inclemencia. Ahora luce orgulloso junto al resto de Tortugas Ninja en la vitrina que está en las escaleras de mi casa. Me gustaba su actitud de forajido en la serie de TV: era rudo, no le temía a las armas de fuego, a las que combatía con sus primitivos bates, se lanzaba a luchar por la justicia sin medir las consecuencias, que es uno de los ideales de la niñez. Por eso me emocioné tanto cuando me regalaron esta figura... hace más de 20 años: ¡cómo pasa el tiempo! Es una de las figuras de Playmates a las que le tengo más cariño.

¡Muere, maldito Destructor!

lunes, 22 de noviembre de 2010

SEÑORAS Y SEÑORES: ¡¡MOBY DICK ACTION FIGURE!! 3 (LA LUCHA FINAL)


Una vez que estuvo completo Moby Dick (como puede verse aquí) y Ahab (por aquí), era tiempo de unirlos para siempre, uno sobre el otro, condenados a pasar la eternidad acosándose, pudriéndose. Si hay algo a lo que quería ser fiel en mi figura de acción es al encuentro final. Erróneamente se cree que Ahab termnina enredado sobre el lomo de la ballena, maldicíendola y luchando hasta que ésta se sumerge en las profundidades del mar. Esto se debe, de seguro, a su adaptación al cine de 1956, del director John Huston, y a la película para televisión de 1998, en la que el siempre genial Patrick Stewart hace de Ahab.


Como se aprecia en el dibujo anterior, así se cree comúnmente que es el enfrentamiento final. El gráfico pertenece a un libro llamado Mi Primer Moby Dick, que llegó a mis manos cuando ni siquiera sabía leer: en él conocí de esta aventura y siempre me intrigó la idea de que alguien tuviera tales agallas para montar, como a un caballo salvaje, a una ballena. Después leí ese libro para niños y me encantó. Luego leí la versión normal y me mató.

Herman Melville cuenta que después de maldecir a la ballena con un discurso monumental, Ahab le clava el arpón y la línea se enreda en su cuello, entonces sale arrastrado tras el cetáceo y se sumergen para siempre en las aguas del Pacífico. Nada se dice de su destino: si Moby Dick sobrevive, lo más probable es que a Ahab se le haya roto el cuello en el tirón.


En fin. Mi paso siguiente fue llenar a mi Moby Dick de arpones. Fui a una gran ferretería y me puse a rebuscar entre los estantes llenos de clavos y hallé unos bastante curiosos, como el que se aprecia en la foto sobre estas líneas, cuyo uso desconozco, pues ni siquiera tienen punta. Compré cuatro, uno de los cuales es más grande que el resto para representar al arpón de Ahab, que fue hecho especialemente por el herrero para tal ocasión y que fue bautizado con sangre de paganos. Pensé en comprar un poco de lana para representar a la línea, pero no me parecía convincente. Me fui a cepillar los dientes y la idea surgió: ¡hilo dental! Amarré un trozo a cada arpón y los cubrí de pegamente UHU para reforzalo. Quedó bien. Luego enredé la línea en el cuello de Ahab (un un poco en las manos: supongo que habrá luchado cuando se sintió prisionero); el resultado fue el siguiente (ojo a las sombras de la fotografía, representan el alma de Ahab):


Con un encendedor calenté la punta de los clavos y, a la brava, los clavé en el lomo plástico de Moby Dick: fue una tarea fácil, sobre todo porque al enfriarse el metal, quedó adherido a la ballena, sin embargo, use gotas de Super Bonder para sellar las heridas. Una vez que el pegamento se hubo enfriado, le di una pequeña mano de pintura blanca para disimular la quemadura del clavo y dibujé con marcador rojo de gel un poco de sangre (aunque esto habrá que mejorar, pues las ballenas sangran como los toros). Para adherir a Ahab al lomo hice casi lo mismo: con el encendedor calenté un clavo regular, de los que sí tienen punta, y se lo introduje a Ahab por la espalda, tal como se aprecia abajo, y el otro lado lo clavé en Moby Dick. Se adhirieron a la prefección. Rematé con Super Bonder.


Llegado a este punto, y después de dejarlo una noche a la interperie, casi pude dar por concluída mi misión. Mi meta inciar era crear un stand o un cuadro para colgarlo ahí, como los cazadores cuelgan las cabezas de sus presas en marcos, y poner el discurso final de Ahab a modo de leyenda, con el nombre de Melville en letras garndes, pero descarté la idea porque me dieron un precio muy alto en la tienda de cuadros: uno de los objetivos era gastar poco y así lo hice: el box set no pasó de los 14 dólares y entre todos los materiales no habré gastado más de 10. Así que así se queda por el momento, adornando la biblioteca de mi estudio, hasta que un cuadro/marco/stand se me cruce por el camino. Eso es todo. Ahora Moby Dick me vigila escondido entre los libros. Les remcomiendo leer el libro de Herman Melville, rara vez se encuentra algo con tanta potencia. Para terminar, unas fotografías de mi Moby Dick Action Figure.



¡Ah, una muerte solitaria, después de una vida solitaria! ¡Ahora siento que mi mayor grandeza está en mi mayor dolor! ¡Acudid desde los confines más remotos, olas audaces de toda mi vida pasada! ¡Formad la ola inmensa y única de mi muerte! ¡Me precipito hacia ti, ballena, que todo lo destruyes sin vencer! Lucho contigo hasta el último instante; desde el centro del infierno te atravieso; en nombre del odio, vomito mi último hálito sobre ti. ¡Húndanse todos los ataúdes, todas las carrozas fúnebres en un foso común! ¡Y puesto que ni el uno ni el otro pueden ser míos, quiero ser remolcado en pedazos para seguir persiguiéndote atado a tu cuerpo, maldita ballena! ¡Así entrego mi lanza!
MOBY DICK, Herman Melville


SEÑORAS Y SEÑORES: ¡¡MOBY DICK ACTION FIGURE!! 2 (EL CASO AHAB)


Una vez que Moby Dick estuvo pintado y con cicatrices, como se vio en el post anterior, era momento de hacer a Ahab, el capitán del Pequod cuya única motivación en la vida es cazar a la gran Ballena Blanca que le arrancó la pierna en un encuentro previo a los relatados en la novela; es decir, era el momento de crear a uno de los personajes más representativos de la literatura universal: megalómano, miserable; como Moby Dick, la abstracción del mal. Para esto fue necesario escoger un pequeño muñeco que mantuviera relación de escala hombre-ballena. Vacié las cajas de muñequitos que aún conservo de mi infancia (principalmente los que salían en las bolsas de papas fritas) y obtuve los principales prospectos y uno a uno los fui descartando.

Fantasma
A favor: Un fantasma podría dar algo de miedo como Ahab (la verdad, no).
En contra: ¡No es un ser humano!
Estado: Descartado.


Conquistador español
A favor: Le falta una pierna.
En contra: Su armadura no lo emparenta con un capitán de barco,
además ¡qué es ese estúpido escudo!
Estado: Descartado.


Capitán América
A favor: Fácilmente se podría tallarlo a imagen y semjanza de Ahab.
En contra: ¡Qué es ese estúpido escudo!
Estado: Descartado.


Esqueleto macabro
A favor: Brilla en la oscuridad.
En contra: Muy flaco e inhumano.
Estado: Descatado.


Torero
A favor: Tallable.
En contra: Actitud poco varonil.
Estado: Descartado.


Indio nativo de América
A favor: Me remite a alguien de Moby Dick, pero no a Ahab, no puedo precisar a quién.
En contra: ¡Por Dios, es Queequeg!
Estado: Descartado.


Un tipo
A favor: Está luchando contra los infiernos invisibles de su interior.
En contra: Está a punto de ser aplastado por un muro invisible de su exterior.
Estado: Descartado.


Jugador de fútbol americano
A favor: !!!!
En contra: !!!!
Estado: Descartado.


Es así como, de repente, llegué a un muñeco de plástico, olvidado en un recipiente de metal, que recibí en alguna Navidad hace muchos años y que era un "extra" en un set de Robin Hood, seguramente era un aldeano, uno de los beneficiados del príncipe de los ladrones; esta figura y la de Hood son las únicas que sobrevivieron el paso del tiempo. A pesar de su apariencia bonachona y regordeta, supe que podría tallarlo y pintarlo hasta dotoralo de la amenazadora presencia y personalidad de Ahab, pues está hecho de un plástico que puede cortarse con facilidad. Helo aquí antes de su conversión a la Iglesia del Mal:


El siguiente paso fue hacerme con los materiales que necesitaría: pinturas de esmalte (negro y blanco), pinceles, brochas, agujas, bisturí, entre otras cosas. Lo primero que hice fue tallar al pobre aldeano para deshacerme de su suerte de faldón ridículo que no le vendría nada bien a Ahab. Fue una operación que requirió de paciencia y pulso fino.


Había mucho plástico en esa falda y debía procurar no cortar demadiado para que quedera material para las piernas, mejor dicho: una pierna y una pata de palo, mejor dicho: un pata hecha de hueso de ballena. Al final, después de algunas horas y de un corte en el dedo, el resultado fue el siguiente:


No quedó tan mal, ¿verdad? Nótese cómo se rebajó la falda y el plástico sobrante, del color de la piel, fue tallado (con pericia de cavernícola borracho) hasta que se formó la pierna y la pata. Lo siguiente fue pintarlo, para lo que elegí pintura de esmalte negra, del color de su alma: pasé un pincel número 1 por todo el cuerpo, excepto la cara, por supuesto (más que para la cicaztriz y las cejas, que le confieren un aire más maligno); nótese cómo le pinte mangas largas a su gabardina de capitán, pues el muñeco originalemte no las traía. Cuando se secó el color negro, al día siguiente, sumergí una aguja en la pintura blanca, la misma utilizada en Moby Dick, para hacerle algunos detalles ingenuos como solapas y botones. Al final, después del secado, le corté el cuchillo de la mano (Ahab sostenía un arpón, no un cuchillo) y el resultado fue el siguiente:


La pata de ballena fue lo que más me costó del tallado. Decidí pintarla de color plomo, y no blanco como debería ser, pues está hecha de hueso de ballena (a ese punto llega la obsesión de Ahab), porque podría perderse en la blancura de Moby Dick al momento de colocarlo sobre éste. Así puede dar por concluido el Caso Ahab. Lo siguiente fue instalar al megalómano capitán sobre la ballena y clavarle algunos arpones al cetáceo, pero esa es historia de la siguiente entrada de Nixon Atómico.

CONTINUARÁ...


SEÑORAS Y SEÑORES: ¡¡MOBY DICK ACTION FIGURE!!

Clic sobre la imagen para verla en gran resolución.

Así es, tal como lo leen: esta es la figura de Moby Dick a la que me he dedicado desde hace algún tiempo para celebrar mi fascinación por el libro homónimo de Herman Melville, publicado hace muchos años, en 1851, y que no deja de tener actualidad; creo que es uno de esos libros que no solo te cambian la vida, sino que deberían leer todos, inlcuso las personas que no gustan ni acostumbran a leer literatura.

Qué linda mi edición de bolsillo Mondadori.

Todo partió de mi lectura de Moby Dick, muy provechosa por supuesto; de ahí siguió con el hallazgo de una ballena de juguete en en un local de saldos: estaba deambulando por ahí encontré un box set de vikingos, cuyo nombre científico es "Legend of the Norse Warriors: Vikings: Big Whale Attack", cuyo fabricante es el desconocido CM (!?), que incluía botes y armas, y en el que figuraba este cachalote como principal enemigo. Según la caja, el nombre de la ballena es Mighty Mo (se me escapa si es parte de alguna leyenda eslava, creo que no).

Juguetes prohibidos para menores de 3 años. Att: CM.

El box set, de figuras bastante agradables, venía con dos vikingos, un bote hecho de ¡toneles de alcohol! con un lanza-tridentes un poco ridículo y un remo (justo lo necesario navegar las frías aguas del norte borracho y en círculos), armas (ballestas, cuhcillos, mazos, espadas, etc.), un cofre con oro (cuya tapa se abre y cierra) y, por supuesto, la gran ballena, de color gris y que mide algo más de 30 centímetros. En las siguientes fotografías, apréciese a la ballena en su forma original para que entienda y su valore su transormación al producto final (en la segunda fotografía, la que está de pie, por alguna razón parace que está borracha).

Una copa más y no te jodo más.

El primer paso fue conseguir lo materiales para convertir a Mighty Mo en Moby Dick: pinturas y pinceles. (Aunque ahora que lo pienso, lo primero que hice fue crear un espacio para trabajar: una mesa pequeña protegida con periódicos en mi estudio). Compré un pequeño tarro de pintura blanca (emaculadamente blanca) de esmalte para pintar a Moby Dick; rechacé la pintura de agua porque, de seguro, se iriía con el tiempo y las aguas (jaja). Y así me puse manos a la obra. Como el pintor brocha gorda que, con papel periódico se asegura de tapar las zonas peligrosas y de difícil acceso en una habitación, para proteger tu pericia y su sueldo, cubrí los ojos de la ballena con cinta adhesiva para evitar que estos se mancharan (ojo con el símil homérico y melvilliano). Así le di una primera mano de pintura.

Al principio no me estaba gustando el resultado, pues la piel del futuro Moby Dick (plástico chino barato) estaba rechazando la pintura que, por alguna razón, prefería quedarse en mi manos. Además, la labor no era tan fácil como pensaba: el cuerpo de la ballena presentaba grietas y arrugas que complicaban mi tarea: exceso de pintura en unas partes, poca en otras. Esto me obligó a darle una primera mano de pintura para dejarla secándose con el aire del balcón, sobre unos periódicos, junto a una planta muerta: ahí pasó la noche cobijada por las estrellas, preguntándose cuándo por fin avistaría al Pequod y al maldito Capitán Ahab para el encuentro final, aquel en el que se definiría la suerte de la humanidad.


Con el pasar de los días y de dos manos de pintura más (sin contar con las pequeñas manos que le daba esporádicamente a las partes más pequeñas, con pinceles 1 y 2, sobre todo al lado de los ojos), Moby Dick quedó blanco, con la blancura que deseé desde un principio (aunque la pintura de esmalte sobre el plástico brilla demasiado para mi gusto), aquella blancura en la que Ismael, el narrador de la novela, ve algo más siniestro, maligno, que si la ballena tuviera los colores del infierno. Pasaron los días, la pintura se asentó y pude darle algunos detalles, sobre todo las cicatrices que rodean su cuerpo: para esto utilicé un lápiz, un marcador negro y uno rojo de gel.

¡Ouch, cicatrices!
Una vez cumplida (por el momento) con la Misión Blancura, entonces fue momento de preocuparme por el Caso Ahab, ya que mi figura de acción representaría el encuentro final entre el cetáceo (¡Ismael dice que no es un mamífero!) y el Capitán.

CONTINUARÁ...



LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...