lunes, 17 de enero de 2011

Rasputín: McFarlane Toys se vuelca a los asesinos en serie y los exacerba

El rostro de la locura.

Cuando las figuras de acción empezaron a popularizarse y masificarse, McFarlane Toys era sinónimo de calidad. Aún lo es, por supuesto. Al menos para mí fue la compañía que empezó a sacar al mercado figuras diferentes, dedicadas a un público más adulto, a uno que sí podía costeárselas, con los cómics y las figuras de Spawn como tarjeta de presentación. Luego vinieron las figuras basadas en personajes canónicos de películas... y así continúan hasta hoy.

El set completo por delante y por detrás.

En 2004 apareció la tercera serie de sus monstruos titulada 6 Faces of Madness, compuesta por seis figuras de acción basadas en personajes reales que no se destacaron por dar la otra mejilla o ayudar al prójimo con ahínco, sino por la estela de sangre que baña sus macabras posteridades. Basta nombrar las figuras que componen la colección para darse cuenta: Atila el Huno (el azote de Dios), Elizabeth Bathory (esta mujer sí que da escalofríos), Vlad el Empalador (sí, el hombre en el que se basa el mito de Drácula), Jack el Destripador (el primer asesino en serie mediático), Rasputín (en hipnotizador de los zares) y Billy the Kid (el vaquero forajido). Por cierto, McFarlane sacó un paquete de accesorios para las seis fiuras. Aquí el tráiler que McFarlane sacó para promocionar la serie:



Las seis figuras de la colección.

Los accesorios extra para las seis figuras.

La figura en cuestión que aparece en la colección de Nixon Atómico es Rasputín: fue un iletrado campesino de Siberia que practicó un misticismo religioso digno de charlatanes, por lo que se le apodó Monje Loco; cuando curó al hijo del zar Nicolás II, este lo nombró su médico personal. Cuenta la leyenda que gracias a sus poderes hipnóticos controlaba al zar, ergo, controlaba sus decisiones que repercutían en el malestar del pueblo ruso. Se dice que tuvo que ser apaleado, envenenado, castrado, baleado y ahogado para morir... Ah, cierto: también es enemigo de Hellboy.

Así luce su espalda por los ganchos clavados en la piel. Los detalles son de lo mejor.

Rasputín, para alcanzar un aire macabro, viene con una suerte de laboratorio lleno de ampollas, tubos de ensayo y recipientes con pócimas; está suspendido de la piel de la espalda para exacerbar su sadomasoquismo (no hay registro de esto). Los detalles de esta figura son tan buenos que no seré yo quien los describa, sino que dejaré que las fotos hablen por sí mismas, más aún cuando hay fots tan buenas, cortesía directa de mi buen amigo Jaime Villacís, asiduo fan de Nixon Atómico. Disfruten y hagan clic en las imágenes para verlas más grandes.

Aun colgado no deja de mezclar pócimas.

Los pies tiene algo de los de Cristo.

Las correas de su chaleco.

Un doblez en el cinturón y un bolsillo.

El laboratorio tiene varios frascos y pócimas, todo en un estado deplorable.

Tubos de ensayo y ampollas con extraños brebajes.

Un mortero para machacar compuestos químicos.

Una rata visita el laboratorio (el set trae varias ratas, unas muertas otras vivas,
para colocarlas donde quiera, incluso sobre el mismo Rasputín).


La madera vieja y la cuerda alrededor de ella: un detalle superlativo.

Una lámpara ¿mágica?

Pinchos en la base del laboratorio.

Después de Rasputín tuve ganas de comprar a Jack el Destripador y Elizabeth Bathory, pero por alguna razón no pude, seguramente fue falta de dinero. Por último, ¿saben quién fue la Bathory? Su historia da miedo y, hasta cierto punto, fascina por la retorcida mente que tuvo. Aquí un video corto sobre su vida, obra y gracia, que no tiene desperdicio. ¡Véanlo ya!


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