martes, 8 de noviembre de 2011

Trust no one, Mr. Mulder

 
 Trust no one.

Si hay una serie de televisión que fue para mí lo que el cristianismo es para el Papa, esa es The X Files, conocida en castellano como Los expedientes secretos X. La seguía semana a semana por la señal del desaparecido canal SíTv. La serie es uno de los mejores recuerdos que tengo de mi adolescencia, al punto de que me enojaba si me perdía un epidosdio (cosa que sucedió una sola vez). Las aventuras paranormales de Fox Mulder y Dana Scully fueron uno de los complementos ideales para mi mente que demandaba emoción y creatividad.


 I Want to Belive.

Cierto día de 1998, SíTv anunció el final de la quinta temporada ¡a mitad de temporada! Por lo visto la serie la no tenía buenos ratings en este país, por lo que decieron cortarla si ninguna clase de respeto al televidente. Por suerte uno de mis mejores amigos de la adolescencia grababa en VHS los episodios, al menos los más importantes, así yo podía verlos en la tranquilidad de mi hogar. Me salvó la vida. Entonces, al finalizar la quinta temporada, llegó a los cines la película Fight the Future, que fue como un martillazo en la cabeza, pues no solo veía a Mulder y Scully en un formato gigantesco luchar contra la gran conspiración, sino que me sentía recompensado por la fidelidad de cinco años frente a la televisión.
 

 The Truth is Out There.

A propósito de la película y el éxito que tenía la serie, en 1998 McFarlane sacó al mercado sendas figuras de acción de los personajes, en un par de variantes. Me volví loco. Las busqué por todas partes y no las conseguí. Una pena. Se hubieran visto bien al lado del soundtrack que compré, en aquel entonces, en 105.000 sucres. Tendrían que pasar 13 años, ¡sí, 13 años!, para que pudiera hacerme con estas figuras: las conseguí en una tienda de coleccionables en San José, Costa Rica, el pasado agosto, donde también conseguí este Iron Man y Mike Surfer

 
 Deny Everything.

 Aunque ya lo sospechaba, pero lo negaba todo (deny everything), las figuras de McFarlane no son la gran cosa, de hecho, me parece uno de los trabajos menos acertados de la casa, porque los rostros no son fiel copia de los actores (cosa que sí suele garantizar McFarlane); además, los accesorios no pasan de ser una linterna para Mulder y un celular para Scully, ni un maldito revóler siquiera... Los carnés de indetificación que cuelgan en el pecho de cada uno (que es lo que más me gusta) sirven para identificar a unas figuras que, para los ojos despistados, podrían pasar como Barbie pelirroja con su Ken. 


 Apology is policy.

Sin embargo, más allá de sus expresiones extrañas, me alegra haberlos conseguido, pues así se cierra un pequeño círculo vicioso que se mantenía abierto desde mi adolescencia. Los habría comprado aunque fueran monstruosos: son de segunda mano, me costaron 15.000 colones, que equivale a unos 30 dólares. Vinieron con uno de los horribles bomberos de hule, cuando ya están infectados con el cáncer negro. No sé a cuál de los dos pertenecía. Ojalá hubiesen venido en las cajas.
 

 Resist or serve.

 Y para finalizar, a modo de yapa, les presento mi encendedor Zippo, que tiene grabada la frase Trust no one, como el encendedor de Smoking Man, tal como lo vio en el episodio 4x07, Mussings of a Cigarrette Smoking Man. Fue mi regalo de cumpleaños 29. Le tengo mucho cariño.


 Belive to understand.

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