lunes, 23 de abril de 2012

Who Watches The Watchmencitos? (Una historia de amor y burocracia)

(Clic sobre las fotos para agrandarlas.)

No pude creer mi sorpresa cuando enconté en ebay las seis figuras de la película de Watchmen, en versión Kubrick, nuevas, cajas cerraditas, a solo 10 dólares. ¿Será un engaño? Eso parecía. Como tenía envío directo a este rincón sudamericano y no era excesivo, con la ayuda de una amiga, compré los dos box set. ¡Y llegó! Me hice con los seis personajes principales de Watchmen en versión Kubrick por solo 25 dólares, lo que es una ganga, ya que si se consiguieran en alguna tienda de por aquí, de seguro cada caja valdría más de 25 (los Mazinger Z Kubrick costó 45).


Los Watchmen de Snyder.

Lejos de lo que significa en mi vida, la influencia literaria que ha tenido en mí, la buena adaptación de Zack Snyder (aunque tenga muchos detractores que opinen lo contrario porque quieren estar de acuerdo con el seco e increíblemente talentoso de Alan Moore), una temporada de mi vida Watchmen significó una esperanza. Valga especificar que Planeta DeAgostini no tiene derechos de distribución de Watchmen en Latinoamérica (¿o Sudamérica o Ecuador?, no recuerdo bien), por lo que se puede hallar de todo sobre Watchmen, excepto la propia novela gráfica.


Corría mediados de 2009 y mi novia y yo teníamos pocos meses para luchar contra la burocracia y conseguir dinero para que yo fuera a vivir y estudiar a Barcelona, donde ella estaba cursando un máster. Me prometí a mí mismo que lo primero que haría al llegar a Barcelona sería comprar Watchmen. Entonces la novela de Moore y Gibbons se conviritió en una especie de trofeo de lo que simbolizaba todo el esfuerzo y las ganas de vivir con mi novia en un continente nuevo.

The comedian.
Seis puntos de articulación.
Cigarro en la boca.
Las pistolas se guardan en el cinturón.


La tarea no nos resultó fácil: primero habría que luchar con el Instituto que Presta Dinero a Aquellos que No Tienen y Quieren Estudiar (IPDANTQE). ¿Cuánto dinero necesitaremos para vivir un año en Barcelona y pagar mis estudios? Pensamos unos 20.000 dólares, pero esa cantidad de dinero requería de trámites hipotecarios que demorarían, al menos, dos meses. Dead End. Nos decidimos por un préstamo de 10.000, que era rápido y eficaz. Para el resto ya nos las apañaríamos como pudiéramos. Por supuesto, para que nos dineran esos 10.000 tuvimos que sacar una infinidad de papeles, y para esos papeles, más papeles. Hay que decir que el IPDANTQE se portó muy bien.
The Comedian se burlaba de mí y mis trámites.

Rorscharch.
Cinco puntos de articulación.
Sombrero desprendible.
Accesorio: pistola (es que usa para escalar).


Debo decir que la reducción del presupuesto se suplió con la ayuda de mi padre, su beca me pagó el pasaje de avión, quien, además, me pagó infinidad de cosas, sin mencionar que me apadrinó de nuevo para que todos los préstamos y demás trámites contaran con su aval. También teníamos el sueldo de mi novia. Entre ambos ya podríamos vivir en Barcelona, pobres pero felices, como Hemingway con su esposa en el París de los veinte.
Rorscharch anotaba en su diario mi preocupación.

Ozymandias.
Seis puntos de articulación.
Uno de los mejores villanos jamás creados.


Mientras luchábamos contra la financiación, peleábamos contra el consulado. Sacando los papeles que se necesitaban, que eran muchos, y para esos papeles, más papeles. Papeleception. Luego luchamos contra los desánimos, pues se sabía de casos de gente a la que le negaban la visa. Uno pensaba que esa sería su situación. La tragedia venía de ya tener financiación y estar aceptado en la universidad, es decir, tener todo para irse, pero que de pronto un papel en el pasaporte (más bien la ausencia de él) te dijera que no. ¡Y no tiene idea cómo sufrimos por un documento notariado de algún residente en Barcelona que dijera que me iba a acoger y alimentar en su casa!
Ozymandias me refregaba en la cara su pasaporte rojo.

Dr. Manhattan.
Seis puntos de articulación.
Cuerpo azul traslúcido, diáfano.
Versión censurada (con calzón negro).

Porque, entonces, ¿qué sería de nosotros? Lo más probable es que nos hubiéramos separado, ya que ella tenía que regresar a Barcelona, con o sin mí, y yo nunca he creído en las relaciones a larga distancia. Era preocupante: sobre todo porque la cita en el consulado era cerca de la fecha del viaje. Cuando fui a la cita, me dijeron que volviera en una semana, que no tenían respuesta. Eso era lo peor: no saber si sí o si no.
Dr. Manhattan ya sabía si viajaría o no, pero no me lo decía.

Silk Spectre II.
Seis puntos de articulación.
Como Ozymandias, se saca el cabello.
Versión travesti.


Fui a la segunda cita y la misma respuesta: aún no hay respuesta. Vuelva la próxima semana, precisamente el día antes de viajar: el día que ella se iba y, en teoría, yo tenía reservado mi pasaje en avión. ¿Qué pasaría si me decían que no el día anterior a su partida? Ni siquiera habíamos tenido tiempo para pasarla bien juntos, porque la pasamos entre papeles, escenarios imposibles, sufrimientos burocráticos. No sería capaz de ir a despedirla al aeropuerto sabiendo que yo debería estar en ese avión a su lado.
Silk Spectre II se encogía de hombros, desde la portada de la novela.

Nite Owl.
Cinco puntos de articulación.
Se le cae la cabeza.


Como Indiana Jones, dimos un salto de fe. Ella (creo que antes de la primera cita en el consulado) había aplazado el regreso a Barcelona. Yo, en cambio, había dejado mi departamento y había vuelto a la casa de mi madre. Si nada resultaba bien, incluso, me quedaría en casa de mi madre (los independientes ya sabrán cómo se siente volver adonde los padres), sin trabajo, pobre por tanto dinero botado, etc., etc. Fui a la tercera cita en el consulado y ella lloró cuando salí alzando la visa en mi pasaporte. Lloró en medio de la calle. Mi padre nos recogió y fuimos a comprar los pasajes de avión, a hacer maletas, despedirnos, calmarnos un poco...
Nite Owl: "Te habría llevado en Archie, si querías".


Al siguiente día viajamos a Barcelona. Nos tomó como tres meses (en realidad fue un año) preparar el viaje, que incluyó la lucha contra la burocracia y los elementos. Solo aquellos que han hecho esta clase de trámites (aún sin la presión de perder a su novia) saben a lo que me refiero. Una vez en Barcelona fuimos tan felices como Hemignway y su esposa en París. Uno de esos días fuimos al Fnac y compré la novela gráfica. En la portada, la carita feliz amarilla me sonreía por nuestro triunfo. Su mancha de sangre era mi sudor de sangre.

lunes, 2 de abril de 2012

Memorias recuperadas a propósito de Terminator 2

Power Arm Terminator, de Kenner.


La semana pasada vi Terminator 2 después de mucho, mucho tiempo, y varios gratos recuerdos se desempolvaron en mi cabeza, recuerdos que creí perdidos. Cuando niño tenía tanta expectativa de ver el filme que incluso soñana con él (que me sigue pasando con películas que me muero por ver): una herida en el brazo derecho revelaba que yo no tenía huesos, sino un esqueleto metálico, como el del T-800 en The Terminator, podía mover los dedos con solo halar los cables dentro de mi piel. Cuando le pregunté a mi madre qué podía significar el sueño, ella me dijo que simplemente eran mis ganas de ver el filme. Cuando la película se estrenó, allá, en el lejano 1991, cuando tenía nueve años y me encantaba la ciencia ficción y la acción, se convirtió en mi película favorita.

video
Tráiler de Terminator 2.


Me gustó tanto el filme que lo alquilaba en casete de VHS cada vez que visitaba la videotienda, hasta que alguien me hizo el favor de grabármela en un casete propio, así pude verla cuando quería (me pregunto qué pasó con ese casete). Me fascinaba la acción sin parar, los esfectos especiales tan realistas (cortesía del genial Stan Winston, responsable de otros tantos efectos famosos): la cabeza del T-800 partida por la mitad, revelando el esqueléto robótico, el Terminator "de gelatina", como le llamábamos al T-1000, lloré cuando el T-800 se sumerge en el acero hirviente al final. Pero lo que más recuerdo es cómo conseguí el muñeco oficial de Kenner (actual Hasbro), que es el motivo de este post de Nixon Atómico.


Comercial de 1991.

Nunca llegaron los muñecos de Terminator 2 a las jugueterías nacionales, no sé por qué, hubiese sido un buen negocio, yo habría comprado varios. Pero tenía un amigo cuya madre vivía en Estados Unidos, quien solía enviarle lo último en juguetes (creo que para suplir la ausencia paternal): si mal no recuerdo, le envió dos: el T-800 de este post (nombre científico: Power Arm Terminator) y un T-800 robótico, es decir, solo el esqueleto. Me encantó el T-800 apenas lo vi. Me parecía tan preocupado en los detalles, me emocionaba ver la piel rasgada que revelaba el robot, la capacidad de cambiar de brazo...

14 centímetros de altura. Cinco puntos de articulación.


Mi amigo me prestó el Terminator para que juegue el fin de semana, junto con un catálogo oficial de Kenner. Jugué como los dioses ese fin de semana. No tenía intención de devolverle el juguete, así que hice lo impensable: le pedí que me lo cambiara por algún juguete mío. Sabía que tenía las de perder, pues ¡era un muñeco de Terminator en pleno apogeo del filme!, sin embargo, después rogar y manipular un poco, lo convencí: me cambiaría el muñeco por 11 o 12 juguetes, podría decrise, más pequeños que el propio Terminator, de manera que la cantidad supliera la calidad.

Algunos errores de pintado en la cabeza. No se podía ser muy exigente en 1991.

Heridas de bala en el pecho.


Por supuesto, ese fin de semana también fui a la papelería a fotocopiar el catálogo de Kenner. Fue la primera vez que sacaba fotocopias. El catálogo era emocionante: no solo Tenía Terminator 2, sino también las figuras de Jurassic Park, Batman la serie animada (qué hermosos muñecos), Batman Returns (qué hermosos muñecos), Aliens, entre los que me interesaban (obvié a Nerf y Starting Lineup). Recorté las hojas y le di la forma del catálogo original. Hasta ahora conservo ese catálogo fotocopiado, como ejemplifican las fotos. (ACLARACIÓN: la memoria es traicionera: el catálogo no puede habérmelo prestado ese fin de semana, sino algún día de 1993, pues es el año en que salió Jurassic Park; el muñeco de Terminator sí data de 1991.)






Entonces me embarqué en la búsqueda de 12 tesoros que pudieran interesarle a mi amigo. No recuerdo bien cuáler fueron, pero resaltan en mi cabeza carritos de metal, armas de algunas Torturas Ninja, una pelota de fútbol americano hecha de plástico con la cara de un monstruo asqueroso (más bien era un monstruo en forma de pelota); el juguete que más recuerdo (y quisiera tenerlo de vuelta) es una Tortuga Ninja (Leonardo) de plástico: no era una de las figuras de Playmates, sino la cubierta de un chupete que compré en una tienda, la clase de chupetes que son más costosos y "exclusivos" de lo normal, esos que te dejan un juguete una vez que acabas el caramelo. Este Leonardo podía doblarse de adentro para afuera y viceversa: se me ocurrió la idea de dejar solo la mitad doblada, de manera que pareciera un basurero. Y así es como se lo conoció de ahí en adelante: Leonardo Basurero, una suerte de Transformer que convenció a mi amigo.

Cuchilla a lo T-1000 que sale de la mano.
¿Alguien recuerda esa parte en la película?
¡Por supuesto que no!


La semana pasada que vi Terminator 2 con varios amigos a quienes el filme también les marcó, me alegró saber que la película superó la prueba del tiempo y aún se mantiene actual, los efectos especiales todavía son creíbles, me gustó a pesar de que la vi ya con ojos de hombre de 30 años; también me descubrí recordando famosos diálogos que fluían como si hubiera visto el filme recién, incluso aún me sorprendo tarareando a solas la música original. Mientras veía la película también recordé el video de Guns N' Roses y cuánto deseé tener el T-1000 de Kenner que explotaba, pero que nunca lo logré...

Nunca lo conseguí: T-1000 de Kenner.


You Could Be Mine de Guns N' Roses.


Claro que luego me puse a reflexionar sobre la línea de Terminator 2 de Kenner. It's a Trap!, como casi todo en la industria del juguete. Hay tantos Terminators que nunca salieron en el filme y que tienen acciones que tampoco figuraron en el filme, desarrollados solo para vender y vender, como esta línea de Terminator, Future War. Yo no recuerdo que el T-800 sacara una especie de cuchilla de la mano, que es más bien una acción propia del T-1000; tampoco recuerdo que tuviera varios brazos, entre ellos ¡una ridícula pinza y un brazo lanzamisiles (el misil nunca me dio mi amigo)!

El mejor brazo. Nótese la piel rasgada que revela al robot.

Ridícula pinza a la que nunca le encontré función.

Brazo lanzamisiles que nunca tuvo misil.


Para ver algunos de los Terminators de Kenner, poner desde 6:40.


Hoy hay varias figuras de acción de Terminator de diferentes fabricantes, que opacan sin duda a las viejos muñecos de Kenner, aunque no sea lícito comparar directamente a las figuras de acción con los muñecos de antaño debido al target al que apuntan y el tiempo que ha pasado entre ellos: las figuras de hoy tienen un alto nivel de detalle para coleccionistas, como los de Hot Toys (cuyos precios llegan a los 300 dólares), Sideshow Collectibles (que suelen incluir ropa de tela), Neca (hace poco tuve la oportunidad de comprar el T-1000 y no lo hice), entre otros.


Terminator según Hot Toys. Trabajo que supera cualquier expectativa.

Varios especímenes de Sideshow Collectibles.

T-1000 de Neca.

Sin embargo, ninguna de estas figuras, con el tiempo dedicado al trabajo, el precio y el increíble nivel de detalle, puede igualar la emoción que me provocan esos viejos trabajos de Kenner, pues tienen un sabor único a niñez, como el caso de ese horriblemente hermoso T-1000: el agente especial del FBI John Doggett, ejem, perdón, Robert Patrick es irreconocible en Kenner, pero en Hot Toys, por ejemplo, es una situación muy diferente. Me quedo con el de Kenner porque tiene un aroma poco detallado a infancia, a diversión, a posibilidades absolutas de juego, a inmortalidad.

T-1000 de Kenner.

T-1000 de Hot Toys. Prácticamente dos gotas de agua.


En la vida del ser humano existe toda clase de cosas que despiertan recuerdos perdidos: libros, olores, películas, paisajes, y que uno los recuerda con cariño, como una conversación con un amigo que se perdió en el tiempo, como un pasaje de Don Quijote o El hombre que fue jueves, como la desespración para ir a la juguetería a comprar el regalo prometido. En mi caso los juguetes también me despiertan esos recuerdos, me conectan con la niñez y me mantienen honesto.

Dirán algunos que la circunstancia de figurar entre nuestros mejores recuerdos una película cinematográfica arroja sobre la vida una curiosa luz; tienen razón.
"El lado de la sombra", Adolfo Bioy Casares.

Hasta la vista, baby!

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